—O sea... —dijo despacio— ¿que para que el robot haga algo mal, primero tendríamos que haber configurado mal JDE nosotros mismos?
—Exacto —respondí—. La IA solo es la interfaz. Orchestrator es la ley.
Desde ese día, la conversación cambió. Dejamos de hablar de "La rebelión de las máquinas" y empezamos a hablar de eficiencia.
Marta duerme más tranquila ahora. Y curiosamente, sus procesos de aprobación son un 80% más rápidos. Pero la velocidad no fue lo que la convenció.
Lo que la convenció fue darse cuenta de que un Excel enviado por correo es infinitamente más peligroso que una IA gobernada.
La Lección: No le temas a la IA. Témele al proceso manual que estás protegiendo, porque ese sí que está lleno de agujeros. Si tu Orchestrator es sólido, tu IA es segura.
Buen fin de semana. Revisad vuestros orchestrators.



