—¿Ese en el que un proveedor envió un PDF falso por correo? —seguí—. Alguien en cuentas por pagar lo abrió, lo tecleó manualmente en JDE y se pagó.
Marta asintió. Le dolió.
—El problema ahí no fue el software —le dije—. Fue el "dedo humano". El correo electrónico es inseguro. Los adjuntos son inseguros. El copy-paste es inseguro.
Ahora sí me escuchaba.
Le expliqué que su proceso actual, ese que ella protegía con tanto celo, estaba lleno de agujeros. Agujeros con forma de humanos cansados metiendo datos un viernes a las cuatro de la tarde.
—Tienes miedo de que la IA actúe como un becario loco —le dije—. Pero ahora mismo dependes de gente cansada comprobando PDFs manualmente contra pantallas de JDE. Ahí está el peligro.
—Vale —concedió, cruzándose de brazos—. ¿Pero cómo arregla eso un chatbot sin añadir riesgos nuevos?
—Porque el Chatbot no es el contable —sonreí—. El Chatbot es solo el mensajero.
Saqué mi móvil.
—Déjame presentarte al Portero de Discoteca.
(Continúa mañana...)


